Fiebras frecuentes en los niños: ¿podría tratarse de una enfermedad autoinflamatoria?
Cuando era pequeño, solía tener mucha fiebre. Con la fiebre, me dolía uno o ambos oídos, y me sentía tan agotado que solo quería que me dejaran en paz para ver la tele (o jugar al Atari). Si la fiebre se disparaba en mitad de la noche, mis padres me metían en una bañera con agua tibia para bajarme la temperatura (¡cómo odiaba esos baños!). Al día siguiente, iba al pediatra, quien, sin falta, me diagnosticaba una otitis. Me recetaba un antibiótico con un delicioso sabor a chicle que mis padres guardaban en el estante de arriba de la nevera (fuera de mi alcance para que no me tomara una sobredosis). No sé si era por el sabor o por el principio activo, pero este antibiótico siempre me hacía sentir mejor. Tras lo que me pareció el enésimo episodio de fiebre, mi pediatra me recomendó que me pusieran tubos en los oídos, y los episodios de fiebre y dolor de oídos remitieron.
Las infecciones recurrentes, como las que yo padecía de niño, son la causa más común de fiebres frecuentes en los niños. Por lo general, estas infecciones se deben a virus, como los que provocan el resfriado común. Los niños con resfriado suelen presentar síntomas atribuibles al virus, como secreción nasal, congestión nasal o tos. Las infecciones múltiples, una tras otra, son especialmente frecuentes en los niños que acuden a la guardería o al colegio, donde intercambian virus igual que yo solía intercambiar cromos de béisbol con mis amigos. Cuando recibo en mi consulta a los padres preocupados de estos niños, tengo que recordarles que es normal que un niño tenga entre 9 y 12 resfriados al año. Afortunadamente, estos niños siguen creciendo y ganando peso sin dificultad y gozan de buena salud entre un episodio y otro. «A medida que su hijo crezca», les digo a los padres, «su sistema inmunitario mejorará a la hora de combatir las infecciones, y la frecuencia y la gravedad de las fiebres disminuirán». Aparte de insistir en la importancia de que todos los miembros de la familia se laven las manos, no hay mucho que se pueda (o se deba) hacer al respecto de estos episodios.
No obstante, deben barajarse otros diagnósticos si los episodios no se ajustan a la descripción anterior. En esta entrada, ofreceré consejos para ayudar a padres y médicos a reconocer una causa poco frecuente de fiebre recurrente en los niños: las enfermedades autoinflamatorias. La enfermedad autoinflamatoria más común en los niños se denomina PFAPA, siglas de «fiebres periódicas, estomatitis aftosa(aftas o úlceras bucales), faringitis(dolor de garganta) y adenitiscervical (ganglios inflamados en el cuello)». Esta enfermedad suele presentarse en niños menores de cinco años y provoca episodios de fiebre, además de los síntomas que conforman el nombre de la enfermedad (úlceras orales, dolor de garganta e inflamación de los ganglios del cuello). La fiebre suele durar unos cuatro días y reaparece a intervalos regulares, normalmente cada mes. Lo que hace única a la PFAPA es que los padres suelen poder predecir cuándo le «toca» enfermarse al niño. Los episodios de fiebre son tan regulares que resultan predecibles. Esta regularidad es poco frecuente en la mayoría de las demás enfermedades. El PFAPA suele diagnosticarse erróneamente como infecciones frecuentes por estreptococos, y las pruebas para detectar la faringitis estreptocócica suelen dar negativo. Los pacientes no responden fácilmente a los antibióticos, aunque sus síntomas pueden desaparecer con una sola dosis de esteroides.
Otro indicio de que el niño pueda padecer una enfermedad autoinflamatoria es que todos los episodios de fiebre sean similares. Por ejemplo, si el niño siempre presenta dolor abdominal y articular junto con la fiebre, podría padecer fiebre mediterránea familiar (FMF). Si, además de fiebre, siempre presenta una erupción cutánea dolorosa, dolor muscular y ojos enrojecidos, es posible que padezca fiebre periódica asociada al receptor del TNF (TRAPS). Si presenta fiebre, erupciones cutáneas y dolor articular tras la exposición al frío, el niño podría padecer el síndrome autoinflamatorio familiar inducido por el frío (FCAS).
La duración y la frecuencia de la fiebre, los síntomas asociados y la edad a la que comenzaron los episodios febriles pueden ayudar a diferenciar entre estas (y otras) enfermedades autoinflamatorias. Por ello, resulta muy útil llevar un diario de la fiebre en el que se especifiquen las características de cada episodio. Dado que muchas de estas enfermedades autoinflamatorias son hereditarias (genéticas), suele haber antecedentes de otros miembros de la familia que presentan síntomas similares. Además, es importante señalar que algunas enfermedades autoinflamatorias son más frecuentes en personas de determinados orígenes étnicos, como la FMF en judíos sefardíes, turcos y armenios.
Además de las enfermedades autoinflamatorias, hay algunos aspectos de las fiebres recurrentes que deberían motivar un examen más detallado por parte del pediatra del niño. Entre ellos se incluyen los episodios prolongados de fiebre (más de una semana), la fiebre recurrente sin síntomas atribuibles a una infección viral, la dificultad para crecer o ganar peso, o el hecho de que el niño no recupere su estado normal entre episodios.
Otras causas de fiebre que deben tenerse en cuenta en estos casos son:
Inmunodeficiencias: problemas del sistema inmunitario que hacen que el niño sea más propenso a las infecciones
Anomalías anatómicas y metabólicas: anomalías en determinados órganos que los hacen más propensos a las infecciones (como mis oídos) o a enfermedades como la fibrosis quística
Enfermedad inflamatoria intestinal: inflamación de los intestinos
Cáncer: como la leucemia o el linfoma
Con esta información, los padres y los pediatras pueden ayudar a distinguir entre la mayoría de los niños que presentan fiebres recurrentes debido a infecciones víricas frecuentes y aquellas causas que puedan requerir más pruebas o tratamiento.