Cuando lo obvio no es tan obvio: cómo los sesgos cognitivos influyen en el diagnóstico médico
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Un hombre que hasta entonces gozaba de buena salud acudió a su médico de cabecera quejándose de fatiga. Los análisis de sangre iniciales apuntaban a un posible cáncer. Las pruebas de imagen revelaron un agrandamiento de los ganglios linfáticos, por lo que fue ingresado rápidamente en el hospital para determinar el tipo de cáncer e iniciar el tratamiento.
Sin embargo, tras varias biopsias, no se detectó cáncer. A pesar de ello, su equipo médico seguía convencido y solicitó una cuarta biopsia «por si acaso».
Finalmente, se solicitó una consulta de reumatología. Su historial clínico, la exploración física y los resultados de los análisis apuntaban, en cambio, a una enfermedad autoinmune. Tras su cuarta biopsia con resultado negativo, se inició el tratamiento para su enfermedad autoinmune y, en cuestión de semanas, su fatiga, las anomalías en los análisis y la tumefacción de los ganglios linfáticos prácticamente desaparecieron.
Cuando los buenos médicos toman decisiones equivocadas
Este caso pone de relieve una dura realidad de la medicina: incluso los profesionales sanitarios bien formados y con buenas intenciones son propensos a sufrir sesgos cognitivos que pueden retrasar el diagnóstico o dar lugar a intervenciones innecesarias.
Desde el informe del Instituto de Medicina de 1999 estimara que cada año se producen hasta 98 000 muertes evitables en los hospitales, los errores de diagnóstico se han reconocido como uno de los principales factores que contribuyen a los daños sufridos por los pacientes. Un metaanálisis publicado en BMJ Quality & Safety estima que el 5 % de los diagnósticos ambulatorios son incorrectos —unos 12 millones de casos al año— y que hasta el 74 % se deben a errores cognitivos, más que a lagunas de conocimiento o fallos del sistema.
La psicología del diagnóstico erróneo
En «Pensar rápido, pensar despacio» ( un libro que debería ser de lectura obligatoria para cualquier médico), el premio Nobel Daniel Kahneman describe dos sistemas de pensamiento:
Sistema 1: rápido, intuitivo y eficaz, pero propenso a los sesgos.
Sistema 2: más lento, analítico y reflexivo, pero que requiere un mayor esfuerzo mental.
La mayoría de los errores de diagnóstico se producen cuando predomina el Sistema 1: nuestro cerebro toma atajos que nos ayudan a gestionar la complejidad, pero que, en ocasiones, nos llevan por mal camino.
Hay dos sesgos de este tipo que son especialmente habituales en la medicina clínica:
1. Sesgo de anclaje
Nos «aferramos» a una primera impresión y no somos capaces de adaptarnos, incluso cuando surgen nuevas pruebas.
En este caso, una vez que la palabra «cáncer» entró en la conversación, todos los médicos que intervinieron a continuación centraron su razonamiento en confirmar la naturaleza maligna, en lugar de replantearse la premisa.
2. Sesgo de disponibilidad
Calculamos la probabilidad en función de la facilidad con la que nos vienen a la mente los ejemplos.
Un médico que haya atendido recientemente un caso inusual de linfoma podría, de forma inconsciente, aplicar ese diagnóstico de forma excesiva al siguiente paciente con hallazgos similares.
Un estudio de 1994 sobre el dolor de espalda puso de manifiesto cómo los neurólogos, los reumatólogos y los neurocirujanos abordaban casos idénticos de formas totalmente diferentes, cada uno desde la perspectiva de su especialidad: «Los neurocirujanos y los neurólogos son mucho más propensos a solicitar pruebas de imagen; los reumatólogos, a solicitar análisis de laboratorio; y los fisiatras y los neurólogos, a solicitar electromiogramas».
La formación especializada puede reforzar este sesgo, lo que Kahneman denominó WYSIATI («lo que ves es todo lo que hay»).
Cómo pensar mejor
Hay varias estrategias que pueden ayudar:
El factor humano
Aunque los algoritmos sigan evolucionando, la medicina sigue siendo una actividad humana.
Solo los profesionales sanitarios pueden integrar las señales sutiles —la vacilación de un paciente, una erupción cutánea que pasa desapercibida, el comentario de un familiar preocupado— en una atención compasiva.
Un diagnóstico preciso es esencial, pero también lo es lo que viene después: escuchar a los pacientes, tranquilizarlos y guiarlos en momentos de incertidumbre. Al fin y al cabo, la mejor medicina sigue requiriendo tanto una mente formada como un corazón humano.
En Haus Health Rheumatology, apostamos por la precisión, la compasión y la reflexión: aprendemos de cada caso para garantizar que los pacientes no solo reciban respuestas, sino también comprensión.